SynthID Detector deja de ser una herramienta solo para periodistas: cualquiera puede subir un archivo y comprobar si lleva la marca de agua invisible que Google y otras empresas incrustan en el contenido generado con IA. Con un matiz grande: que no detecte nada no significa que sea auténtico.

Google ha abierto al público general SynthID Detector, una herramienta que permite comprobar si una imagen, un vídeo o un archivo de audio ha sido generado o modificado con inteligencia artificial. Hasta ahora estaba en acceso restringido; a partir de ahora está disponible en todo el mundo, aunque de momento funciona en inglés.
Funciona así: entras en la plataforma, te identificas, subes el archivo y el sistema te dice si encuentra una marca de agua digital —una señal invisible para el ojo humano que se incrusta en el archivo en el momento de crearlo—. Google presentó una primera versión en mayo de 2025 y la probó con periodistas y profesionales de medios; con lo que aprendió de ellos ha decidido abrirla a cualquiera. La tecnología está diseñada para seguir reconociendo la marca aunque el archivo se haya recortado, se le haya aplicado un filtro o se haya comprimido.
Lo más interesante para quien no trabaja en un medio: no detecta solo contenido hecho con herramientas de Google. Según la compañía, entre los socios compatibles están OpenAI, Nvidia y Kakao, y Apple tiene previsto incorporarse próximamente. Google también ha metido la comprobación de SynthID dentro de su buscador, en Gemini y en Chrome, y dice que entre todo gestionan más de un millón de verificaciones al día. Desde que lanzó SynthID en 2023, afirma haber marcado más de 180.000 millones de imágenes y vídeos, además de audio por una duración acumulada equivalente a 240.000 años.
Llevamos un par de años con un problema práctico muy aburrido pero muy real: ya no se puede mirar una foto o escuchar un audio y saber si es de verdad. Eso ha dejado de ser un debate filosófico para convertirse en un riesgo operativo. Un audio de WhatsApp en el que "tu proveedor" te pide cambiar el número de cuenta. Una foto de un desperfecto que un cliente te manda para reclamar. Una reseña con una imagen del local que nunca existió. Un currículum con una foto y un vídeo de presentación que no corresponden a nadie.
Hasta ahora, la respuesta a "¿cómo compruebo esto?" era básicamente el instinto. La apertura de SynthID Detector pone una herramienta oficial, gratuita de usar y relativamente rápida en manos de cualquiera, no solo de redacciones con un equipo de verificación. No resuelve el problema, pero te da una pista más de la que tenías ayer.
El matiz, y es el importante: la ausencia de marca no demuestra que el contenido sea auténtico. Si alguien usa una herramienta que no incrusta SynthID, el detector no verá nada y te dirá que no encuentra marca. Y al revés: un resultado positivo tampoco significa que todo el archivo sea artificial, porque la marca puede corresponder a una intervención parcial —una foto real con un trozo retocado con IA, por ejemplo—.
La información procede de Laboratorio de Periodismo (Fundación Luca de Tena), que recoge el anuncio y los datos facilitados por Google; no hemos leído el comunicado original de la compañía, así que las cifras —los 180.000 millones de archivos marcados, el millón de verificaciones diarias— son las que da Google sobre sí misma y nadie las ha auditado de forma independiente.
No está claro qué pasa exactamente con el límite del idioma: se dice que la herramienta funciona "inicialmente en inglés", pero no se concreta si eso afecta solo a la interfaz o también al análisis de audio hablado en otras lenguas. Tampoco se detalla si hay límites de uso, de tamaño de archivo o de número de comprobaciones al día, ni si en algún momento será de pago.
Sobre la fiabilidad real no hay números: no se publica una tasa de aciertos ni de falsos positivos, y la propia descripción admite que "modificaciones más intensas" pueden romper la detección, sin aclarar cuáles. Y queda la pregunta de fondo que nadie responde todavía: qué porcentaje del contenido generado con IA que circula por ahí lleva realmente una marca compatible. Si la mayoría de las herramientas que usan los estafadores no la incrustan, la utilidad práctica del detector frente a un fraude dirigido es limitada.