Esto es una casa, no un foro. Entrar es gratis y la puerta está abierta; lo único que se pide a cambio es que la gente de dentro se encuentre a gusto. Se lee en dos minutos.
Aquí hay gente que empieza de cero y gente que lleva años. Se pregunta sin miedo y se responde sin condescendencia. Puedes estar en desacuerdo con una idea todo lo que quieras; con la persona, no.
La Casita es gratis y no es un escaparate. Si de una conversación sale un trabajo, perfecto, pero se llega por ayudar, no por soltar el enlace.
Mucha gente enseña números, clientes y cosas a medio hacer. Eso solo pasa si hay confianza en que no va a salir de la casa.
Ni en lo que se comparte, ni en lo que se pide. Si no lo publicarías con tu nombre y tu cara delante, no va aquí.
No es una norma de castigo, es la que hace que esto funcione. Una pregunta con contexto se responde en un minuto; una pregunta suelta se queda sin responder.
Lo normal es un aviso por privado y ahí se acaba: casi todo son malentendidos. Si se repite, se borra el mensaje. Y si aun así sigue, se cierra la cuenta y se pierde el acceso a la casa.
Con el spam, el acoso y lo ilegal no hay avisos: es expulsión directa.
La Casita es gratis y privada. Nos reservamos el derecho de admisión y el de expulsar a quien no encaje aquí, sin tener que dar explicaciones. No es un tribunal: es el salón de nuestra casa.
¿Alguien se está pasando? Avísame a mí, Alejandro, y lo miro. Sin ruido y sin exponer a nadie en público.