Estados Unidos crea un grupo de trabajo federal sobre inteligencia artificial que debe entregar un informe en 120 días. No obliga a nada, pero marca hacia dónde van las reglas de las herramientas que usas cada día.

Donald Trump anunció el domingo 4 de octubre la Super Intelligence Force, un grupo de trabajo federal que debe entregar en 120 días un informe sobre los riesgos y las oportunidades de la inteligencia artificial. Lo preside Jay Clayton, director de Inteligencia Nacional, y lo acompañan tres vicepresidentes: Andrew Ferguson (presidente de la Comisión Federal de Comercio, el organismo que vigila a las empresas y defiende al consumidor en EE. UU.), Emil Michael (subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería) y Scott Kupor (director de la Oficina de Gestión de Personal).
Si el plazo empezase a contar el mismo 4 de octubre, el informe tocaría hacia el 1 de febrero de 2027. La información procede de TechCrunch, que a su vez se basa en un mensaje del propio Trump en Truth Social y en datos previos del *Wall Street Journal*. El encargo del grupo tiene dos patas que tiran en direcciones opuestas: preparar planes frente a las amenazas que puedan venir de los sistemas de IA más potentes y, al mismo tiempo, evitar la "sobrerregulación" que frenaría la innovación y la competencia.
Esto no es una ley. Es un grupo creado por decisión del presidente, sin poder para obligar a nadie: ni a las empresas de IA, ni mucho menos a ti. El Congreso estadounidense no ha votado nada sobre el asunto, y un informe de este tipo lo puede archivar el siguiente gobierno sin que pase nada.
Entonces, ¿por qué contarlo? Por dos razones muy concretas.
La primera: casi todas las herramientas de IA que usas —ChatGPT, Gemini, Claude, los generadores de imágenes, los asistentes de tu CRM— se fabrican en Estados Unidos. Lo que su gobierno decida sobre cómo deben comportarse esos modelos acaba llegando a tu pantalla en forma de funciones nuevas, funciones que desaparecen o avisos legales que te obligan a aceptar.
La segunda: la prioridad declarada es no perder la carrera. Clayton ha dicho que uno de los mayores riesgos es no ser los primeros, y la carta fundacional habla expresamente de no frenar la innovación. Traducido: en EE. UU. cualquier medida de seguridad va a tener que justificarse frente al coste de ir más despacio. Europa va por otro camino —el reglamento europeo de IA, que sí obliga— y esa distancia se está ensanchando, no cerrando. Para un negocio español esto significa que, cada vez más, tus proveedores van a operar con dos manuales distintos: uno flexible para su mercado y otro más estricto para el tuyo.
También hay un detalle llamativo: el mismo organismo que investiga a los grandes laboratorios de IA por los riesgos para los consumidores se sienta ahora en la mesa donde se decide cuánto hay que vigilarlos. Si eso es coordinación o es mantener la supervisión en casa, hoy no se puede saber.
Seamos honestos: hoy, de manera inmediata, nada. No tienes que hacer ningún trámite, ni cambiar ninguna herramienta, ni firmar nada. Pero sí hay cosas sensatas que puedes dejar hechas:
Bastante, y conviene decirlo claro: