OpenAI ha actualizado ChatGPT Voice para que, hablándole, pueda leer y enviar correos, consultar el calendario y actuar en Slack. Deja de ser un asistente que responde y pasa a ser uno que hace cosas en tus herramientas. Lo bueno y lo que conviene mirar dos veces antes de darle acceso a tu buzón.

OpenAI ha actualizado ChatGPT Voice, el modo en el que hablas con ChatGPT en vez de escribirle. Hasta ahora contestaba preguntas y conversaba, pero no tocaba nada de tus herramientas de trabajo. Con la actualización ya puede leer y enviar correos, consultar los eventos de tu calendario, detectar cargos duplicados en aplicaciones financieras y hasta crear un sitio web con página de pago, todo dándole instrucciones de viva voz.
La función corre sobre los nuevos modelos de OpenAI llamados GPT-6, de los que hay tres variantes: Astra, Sol y Luna. La empresa no ha explicado en qué se diferencian entre sí. La actualización está disponible desde la última versión de la aplicación. Y hay una segunda pata: ChatGPT Work, la versión pensada para el entorno profesional, disponible en web y en móvil, permite ahora crear documentos, presentaciones y hojas de cálculo hablando, sin tocar el teclado. OpenAI ha publicado un vídeo de demostración con escenarios corrientes: consultar el tiempo, comprar por internet, gestionar la agenda.
El cambio no es que ChatGPT hable mejor. Es que pasa de contestarte a ejecutar cosas por ti dentro de programas que ya usas. Es una diferencia de fondo. Antes, si querías mandar un correo, abrías el correo. Ahora ChatGPT se coloca por encima: tú le hablas y él entra en esas aplicaciones y actúa. El asistente se convierte en la puerta de entrada y las aplicaciones quedan por debajo, trabajando sin que tú las abras.
Para un negocio pequeño esto tiene un atractivo evidente: la mayoría de la gestión diaria de una academia, una clínica o una empresa de reformas es exactamente eso —contestar correos, mover citas, comprobar facturas—. Tareas que no requieren pensar mucho pero que se comen la mañana. Poder despacharlas hablando mientras conduces o mientras montas un andamio es, sobre el papel, tiempo recuperado.
El otro lado de la moneda es la privacidad, y conviene decirlo claro. Un sistema que lee tu correo, revisa tus cargos bancarios y consulta tu agenda acumula un retrato muy detallado de tu actividad y de la de tus clientes. La propia OpenAI ha reconocido que ampliar capacidades así trae riesgos, aunque no ha detallado cuáles ni ha publicado qué mecanismos concretos de control de datos acompañan a estos nuevos permisos.
Bastante, y conviene ser honesto. Esta información llega a través de La Prensa IA, un medio que a su vez cita como fuente original al sitio The Decoder; no es un comunicado oficial de OpenAI leído de primera mano. Los detalles finos pueden variar respecto a lo que la empresa anuncie formalmente.
No se sabe en qué se diferencian Astra, Sol y Luna: OpenAI no ha detallado públicamente las capacidades de cada uno. Tampoco está claro en qué países y en qué planes está disponible la función, ni si entra en la suscripción que ya pagas o requiere otra. No hay información sobre si funciona igual de bien en español que en inglés, algo nada menor cuando hablas de dictar correos a clientes.
Y lo más importante para quien maneja datos ajenos: OpenAI no ha publicado los mecanismos concretos de control de datos asociados a estos permisos nuevos. No sabemos qué se almacena, dónde ni durante cuánto. Tampoco sabemos cómo encaja esto con la normativa europea de protección de datos cuando el buzón que conectas contiene información de pacientes, alumnos o clientes. Hasta que eso esté claro por escrito, la prudencia con el correo del negocio no es exageración: es lo sensato.