Durante años, las empresas pequeñas se libraban porque atacarlas costaba más de lo que se sacaba. Jorge Rey Cotallo, CEO de ShadowMind Cybersecurity, cuenta en LaPrensaIA qué ha roto esa cuenta: «A día de hoy es tan sencillo como soltar un agente con unas instrucciones claras».

Durante años, tener un negocio pequeño era una forma pasiva de protección. No porque estuvieras bien defendido, sino porque no compensaba: un atacante tenía que dedicar horas de su tiempo a entrar en tu sistema, y lo que sacaba de una academia o una tienda online no pagaba esas horas. Se iba a por peces más gordos.
Esa cuenta se ha roto. Lo explica Jorge Rey Cotallo, CEO y fundador de ShadowMind Cybersecurity y hacker ético —alguien a quien las empresas pagan para que intente entrar en sus sistemas y luego cuente lo que ha encontrado—, en una entrevista publicada este 6 de septiembre en LaPrensaIA. Su frase es la que da título a la pieza: «A día de hoy es tan sencillo como soltar un agente con unas instrucciones claras de lo que debe conseguir».
Un *agente* aquí significa un programa de IA al que le dices el objetivo y trabaja solo hasta conseguirlo, sin que nadie esté delante. Si el coste de intentar entrar en una empresa baja casi a cero porque lo hace una máquina en segundo plano, el cálculo que te protegía deja de existir. Ya no hay empresa demasiado pequeña para que merezca la pena.
La parte interesante de esta entrevista no es el miedo, es el diagnóstico. Rey Cotallo no habla de ataques sofisticados de película. Habla de lo que se encuentra de verdad al abrir la puerta de una empresa cualquiera un martes por la mañana.
Y lo que se encuentra tiene una causa concreta: los desarrolladores producen ahora mucho más código en mucho menos tiempo, y a menudo sin escribir una sola línea a mano, porque lo genera la IA. Ese código llega con suposiciones sobre quién puede ver qué que nadie revisa. El fallo más común que aparece en sus auditorías, dice, es que «el usuario A puede editar o visualizar los datos del usuario B». Traducido a tu negocio: que un cliente pueda ver la ficha, la factura o el historial de otro cliente.
Si tienes una aplicación, un portal de clientes o una tienda hecha con ayuda de IA en los últimos dos años, ese es el agujero que te toca de cerca. No es un ataque: es una puerta que se dejó abierta al construir rápido.
Hay un segundo punto que Rey Cotallo considera el verdadero peligro, y va más allá de tu web. Es el ataque a la cadena de suministro: infiltrarse en uno de los proyectos de código abierto sobre los que está construido medio internet —las piezas prefabricadas que usa casi cualquier programa— y meter ahí el problema. Antes, esto le llevaba al atacante meses o años ganándose la confianza del proyecto; ahora le basta con un agente aportando código hasta que decida introducir el malware. Cita como ejemplos el incidente del 11 de mayo con TanStack, comprometido vía npm con el malware Mini Shai-Hulud, que acabó afectando a dependencias que usaba OpenAI, y el caso de XZ Utils, que afectó a miles de servicios en todo el mundo.
Una nota de optimismo, porque también la da: las puertas de siempre —contraseñas débiles, páginas de prueba olvidadas— cada vez son más difíciles de aprovechar, gracias al trabajo de concienciación y a que el doble factor de autenticación (ese código que te llega al móvil además de la contraseña) ya se usa mucho.
Rey Cotallo responde a una pregunta muy parecida a la tuya: una empresa de cincuenta personas, con la plantilla usando IA a diario y sin nadie de seguridad dentro, ¿qué hace el lunes por la mañana? Sus tres respuestas son técnicas, así que te las traduzco y añado lo que se deriva directamente de ellas:
Y un extra que no cuesta dinero: si tu web fue hecha con TypeScript o frameworks modernos, pregunta si están expuestos los *source maps* en producción. Son archivos que permiten reconstruir el código original de tu web, y ahí pueden aparecer claves de API, rutas ocultas y direcciones internas. Es el agujero que sigue encontrando en 2026 y que, en sus palabras, a estas alturas no debería existir.
Esto es una entrevista, no un informe con datos. Es la experiencia de un profesional que audita empresas, y hay que leerla como tal: no aporta cifras de cuántos ataques automatizados hay, ni estudios que midan el aumento. Cuando dice que ahora sale rentable atacar a una pyme, es su lectura del cambio de coste, no un dato verificado.
Hay además un interés declarado: Rey Cotallo cuenta que de esa preocupación nació ShadowX, la plataforma de su empresa, y menciona su producto varias veces. No invalida el diagnóstico —los fallos de permisos y los *source maps* expuestos son problemas reconocidos por todo el sector—, pero conviene tenerlo presente al leerlo.
Tampoco hemos contrastado por nuestra cuenta los dos incidentes que cita, el de TanStack del 11 de mayo y el de XZ Utils. Los recogemos porque los menciona él en la entrevista.
Y una última cosa que no está clara: cuánto de esto afecta de verdad a un negocio muy pequeño, de dos o cinco personas, sin desarrollo propio ni aplicación a medida. La entrevista está planteada para una empresa de cincuenta personas con plantilla programando. Si tú solo usas herramientas de terceros —tu tienda en Shopify, tu CRM contratado—, buena parte de estos consejos le tocan a tu proveedor, no a ti. Pero preguntarle sigue siendo cosa tuya.